Cádiz enamora cuando te permite pasear por una calle jalonada de casas palacio del siglo XVIII y evocar el trasiego de especias, made­ra y sedas de navegantes y comerciantes. Cuando cierras los ojos dando la espalda al puerto de la ciu­dad, frente a la casa de las cinco torres y eres capaz de escuchar al vigía sobre la torre anunciando la llegada de un galeón americano.

Cádiz enamora cuando un gaditano se acerca a mostrarle al visitante el mejor sitio para con­templar como el mar se traga un día más la bola de fuego. Ese sol que parece no querer marchar nun­ca agarrándose al castillo de San Sebastián.

Cádiz enamora cuando sus gentes demuestran que tienen como vocación acoger… como devoción abrazar al que llega de fuera y como mayor tesoro su imperturbable hospitalidad. Con la sabiduría de aquel que acogió a fenicios, romanos y árabes sabiendo atrapar lo mejor de ellos y sabiendo devol­ver todo lo bueno que esta ciudad encierra.

Pocos destinos turísticos pueden ofrecer un cas­co histórico de tanta riqueza arquitectónica y cul­tural en tan solo dos kilómetros y medio cuadrado. Los goyas en la Santa Cueva, el Greco en Hospita-lito de Mujeres, dos sarcófagos fenicios de una belle­za inusual para la época… zurbaranes… un rosa­rio de plazas coquetas de sol y sombra… y un recin­to amurallado rociado de baluartes defensivos que se recuperan para la cultura, el ocio y el disfrute. La ciudad de Cádiz, que ha sido y es referente del turismo de sol y playas dentro de la denomina­da Costa de La Luz, es ahora avanzada en el turis­mo que mima y cuida el patrimonio, la cultura y la gastronomía, siempre con el claro objetivo de con­vertir a Cádiz en una cita inexcusable para la cele­bración del Bicentenario de la proclamación de la Constitución de 1812.

De por sí, la ciudad tiene un patrimonio artísti­co y cultural presente en cada paso. Desde un extre-

mo a otro, monumentos, iglesias, edificios y rinco­nes con historia abrazan todo el entorno de una ciu­dad que mira al mar. Desde las murallas, pasando por los baluartes y castillos y deteniéndose en el Monumento de las Cortes, emblema de la celebra­ción de este Bicentenario, podemos encontrar unos referentes artísticos con mayúsculas como los cua­dros de Goya, de Murillo o Velázquez que existen en el Casco Histórico de la ciudad y que han sido duran­te tiempo atrás unos auténticos desconocidos.

También desde el Ayuntamiento se ha trabajado de manera directa por conseguir que la gastrono­mía sea referente de Cádiz, con muestras gastro­nómicas como la ruta ‘Cádiz, la mar de bueno’ o la Ruta del Tapeo, que se celebra en los meses de vera­no. La gastronomía se erige en un atractivo turís­tico cada vez más demandado. Combina tradición, cuidada elaboración y calidad de los productos.

Las fiestas y las manifestaciones culturales for­man parte de la idiosincrasia de Cádiz y los gadi­tanos. El Carnaval, para el que la ciudad contará con una Casa-Museo, o el flamenco, cuya raigam­bre en la ciudad nos animó a construir un Centro de Arte Flamenco en uno de los barrios más señe­ros, Santa María, simbolizan este espíritu festivo que se adueña del interés de miles de visitantes cada año.

Cádiz es paseo y que mejor que andar por sus calles y plazas para sumergirnos en las entrañas de la ciu­dad. Para ello, diseñamos una serie de rutas por las zonas emblemáticas de la ciudad, que cuentan con escenificaciones históricas de un grupo de jóvenes actores. Participar en uno de estos paseos por el cas­co histórico de Cádiz, su recinto medieval, las Puer­tas de Tierra, los castillos y baluartes, las casas pala­cio, los lugares de la promulgación de la Constitu­ción Gaditana de 1812 o por Cádiz de noche, te acer­ca al sabor más genuino de una ciudad que derrocha encanto y, por su puesto, amabilidad.

Cádiz también es artesanía. Cádiz tiene barrios flamencos pero también artesanos. Profesionales de la creación a mano, del detalle, que se encargan de dar continuidad a un oficio imprescindible en Cádiz; un oficio que hemos apoyado reactivando la actividad artesanal y también empresarial espe­cialmente en el barrio de El Pópulo.

En conclusión, Cádiz ofrece al turista un racimo de oportunidades para el ocio y la cultura de lo más variopinto, aderezado de una oferta gastronómica sobresaliente para los paladares más exquisitos.

Hasta hacer de todo lo expuesto realidad, hemos realizado un trabajo muy importante de mejora de las infraestructuras viarias dentro de la ciudad y hacia fuera.

Hemos avanzado mucho en la rehabilitación de un Casco Histórico que ahora luce con orgullo sus calles renovadas, modernas, cómodas y atractivas para los miles de turistas que las recorren cada año; en el cuidado y puesta en valor de nuestras playas, que son las más limpias, con más servicios y mejor preparadas para el descanso y el ocio; brin­damos una oferta cultural de primer orden con renovados aires y nuevos escenarios como el Cas­tillo de San Sebastián.

Pero sobre cualquier cosa, lo que hará que alguien se enamore de Cádiz es su gente, su ama­bilidad, su cercanía.

Cádiz, cuna de la libertad y del constituciona­lismo es hoy un referente turístico que mira con ilusión al futuro y enamora por lo que es, la ciudad que sonríe.